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Daniel Jiménez de Videojuegos y Sociedad me pasó hace nada un enlace a un artículo sobre el D&D. Empecé a leerlo y al poco me dije “Uy, que veo por dónde van los tiros. Ya estaban tardando demasiado”.

El artículo, que habla de las razas que hay en el JdR (y ya puestos, del racismo implícito según el articulista), es extenso y argumentado, aunque yo, personalmente, no esté de acuerdo con todo lo que allí se dice. Básicamente porque la perspectiva me parece algo sesgada o, mejor dicho, no contextualizada. Al menos algunos de los comentaristas se encargan de puntualizar, cosa que está bien, porque mi inglés es mu limitado y argumentar en desventaja es una mierda. Para qué engañarnos. Y, al mismo tiempo, me evita escribir un largo discurso en este blog sobre lo que pienso al respecto. Directamente os invito a que le echéis un vistazo al enlace.

¿Y a grandes rasgos qué es lo que pienso? Uf. Intentaré resumirlo muy mucho en una sola frase, puede que en dos. No sé. Veamos:

A. En un mundo donde lo políticamente correcto se ha puesto de moda, los fantasmas se avistan hasta debajo de las piedras.

B. Quien ve fantasmas, ajos come. Vale, los fantasmas acojonan, pero tenía entendido que no exisiten. Y si existen, no haberlos invocado.

Ahora sólo me falta esperar a que tarde o temprano salga otro artículo en el que hable de lo sexista que es el D&D y lo enlacen con la obra de Tolkien. Sólo pido una cosa: contexto. Que no se olviden del contexto.

Y ya que hablamos de rol, no puedo evitar poner este vídeo que me han pasado. Ayyy… qué poco me suena…

Orientaladas musicales

Mientras buscaba cómo demonios iba a conseguir la banda sonora de Kung Fu Dunk, encontré un par de páginas hechas por amantes de lo asiático donde incluían álbumes y vídeos musicales de lo más variado. De ahí al youtube, fue sólo un pasito.

También descubrí que Jay Chou, el prota de la susodicha película, es al parecer un cantante famoso (hip hop y rap sobre todo) allá en su Taiwan natal. De hecho, el tema principal de la película es suyo (y que no he incluido por no saturar más con el tema de la peli). Así que a indagar me puse y di con este Snake Dance:

Pero lo que más me llegó al alma fue descubrir a los Back Street Boys japoneses:

Impresionante, ¿eh?

Aunque lo más impresionantes es… que todo ello me mola. No debería de extrañarme por otro lado. Si ya las canciones en inglés paso de saber qué dicen mientras la música y el ritmo me gusten… que estén en taiwanés, cantonés, japonés o mandarín, también me debería dar igual, vamos, digo yo. Así que quien haya sentido el ritmo dentro que se pase por esta paginilla, Doramundo, donde se puede encontrar cosas como éstas y más. De hecho, Tamarilla, si estás por ahí, creo que MUCC te va a gustar.

Sip. Este es mi nuevo vicio. Buscar pelis y música asiática. De hecho, llevo ya unos días con la idea de desempolvar mis apuntes de japo y volver a darles caña. Ya sabéis. Una, que es así de rarita, impulsiva, y luego todo queda en nada, la verdad. Pero y lo bien que me lo paso mientras…

Orientaladas

Desde hace apenas un par de semanas me ha dado por bajarme películas orientales. Sí, sí, bajarme. Es la única manera de que pueda ver algo así, ya que a España llegan muy pocas de estas “maravillas”. Y sí, también entrecomillo porque mira que son…

Hasta la fecha sólo he visto películas en versión original japonés con subtítulos en castellano, pero ya le he echado el ojo a unas cuantas coreanas. Algunas han sido lo peor de lo peor, como Devilman (ojo, la adaptación a imagen real del manga/anime). Aburrida, sosa y unas interpretaciones de espanto. ¿Cómo puedo saberlo si hablaban japonés? Cierto que el japonés lo tengo muy olvidado (tres años estudiándolo y a día de hoy apenas consigo retener vocabulario), pero hay ciertas cosas que superan la barrera del idioma, os lo puedo asegurar. Sin embargo he descubierto otras que aún siendo… especialitas, han conseguido arrancarme una sonrisa, cuando no directamente unas carcajadas o mi mandíbula cayendo al suelo.

Un ejemplo de ello es Oneechanbara The Movie. En los subtítulos ponía “Chanbara Beauty” y, por ciertas imágenes que salían en los créditos iniciales, parece que es la adaptación de un videojuego de zombis. Sip. Va de zombis. Zombis que asolan el planeta y una tipa que los mata con una katana. Y su traje de combate es nada menos que… un bikini. Sí, señoras y señores. Un bikini rojo (aunque parece más bien ropa interior picantona, directamente). Ah, sí, y un sobmbrero de cowboy. Que no se me olvide el sombrero de cowboy. Bikini, katana y sombrero de cowboy. Im-presionante. Tiene una media hora ahí en medio un tanto aburrida (pero el efecto hipnótico que tiene la película te impide apagar el reproductor o darle hacia adelante), pero una vez superada, el final es… una vez más, im-presionante. Manga en estado puro.

De hecho, esta peli se la recomiendo en especial (si no la han visto ya) a mis amigotes del trío calavera Carlos, Miguel y Sergio, que de seguro vieron en su día The Machine Girl y les moló. No es del mismo rollo, pero conforme la peli avanzaba, más me decía “esto se lo tengo que recomendar a alguien, fijo”. Así que os ha tocao :-P

Hoy tengo en la recámara Kung Fu Dunk. La adaptación no autorizada a imagen real de Slam Dunk (de ahí lo de Kung Fu al principio del título para no tener que pagar derechos). Quien no haya leído el manga o visto el anime… no sabe lo que se está perdiendo. Chicho terremoto era una mariconada comparado con Slam Dunk. Y la película, supongo que será como Shaolin Soccer (que era claramente Campeones), pero en vez de con fútbol, con baloncesto. Nada. Voy a empezar a hacer hueco en mi estómago para las palomitas.

¿Y a qué viene ahora este afán de ver pelis asiáticas? Pues por varias cosas. La primera, porque llevo toda la semana currando (un proyecto personal para mi hermano) con la banda sonora de la serie anime Naruto de fondo. (Naruto, qué grande; el nuevo Goku, pero con más calidad). La segunda es porque el otro día, mientras revisaba mi videoteca, sección anime/cine japonés, me di cuenta que los orientales hacen más pelis de las que a mí me gustan que en, no sé, ¿cualquier otro país? Pero ¿qué llega aquí de todo eso? Poco. Aparte de Jackie Chan y Jet Li, y cosas al estilo Tigre y Dragón o de mayor impacto visual como Hero, pues lo justo. Batle Royal, Returner (qué grande), Azumi, Old Boy… Ah, sí, bueno, y pelis de terror a patadas. Como si no supieran hacer otra cosa. Ains…

El próximo título en la lista es Kunoichi Lady Ninja. A ver si consigue alcanzar mis espectativas. Cómo les mola a los japos las tipas que rajan a saco con katana. Y a quién no, qué leche.

Pues ale. A disfrutar… o algo. Ya os aviseré si encuentro otra “maravilla” digna de mención. Lo más probable es que, como hasta ahora, todo sea en versión original con subtítulos, pero se prefiere, en serio. Y más si es en japonés. La cadencia que tienen al hablar me encanta. Aún recuerdo el día que me topé en la tele con un capítulo de Dragon Ball doblado al castellano. Apuntito estuve de cortarme las venas. ¡Habían doblado hasta los gritos! Qué mal. Señores dobladores, los gritos, gruñidos y rugidos japoneses no se doblan, en serio. Son sagraos. Cualquiera sabe eso. Ains…

Como decía, en el 2003 llega el inefable Uwe Boll con House of the Dead. Muchas cosas se han dicho de este señor (por llamarlo de alguna manera) y no buenas precisamente. Tiene la “sana” costumbre de hacer películas infectas (que ni siquiera sirven para verlas borracha) y ponerles el título de un videojuego como reclamo. Exacto, reclamo, porque el parecido con el original es pura coincidencia. Y lo más chocante para mí es que actores conocidos como Christian Slater, Stephen Dorff, Ben Kingsley o Michael Madsen, entre otros, participen en ellas. O no se han leído el guión o su agente es pésimo o tuvieron un momento de debilidad o cobraron una pasta gansa, porque otra explicación no le encuentro.

Y si House of the Dead rozaba el surrealismo (con diálogos tan currados como: “Quiero ser inmortal. ¿Para qué? Para ser eterno”), Alone in the Dark (2005), ese gran clásico y padre del Survival Horror, fue convertido en el truño del almendruño. Y quien diga lo contrario (que lo he leído por ahí; inaudito) es que ha tragado tanta mierda que ya es incapaz de reconocerla ni por el tufo que desprende.

Mira que me lo advirtieron. Me advirtieron con ganas. No la veas. Pero coñe, era Alone in the Dark, no podía ser tan mala. Craso error. Carente de ritmo, de sentido incluso en algunos momentos, y como digo, con un título como mero reclamo, porque la historia original debieron bebérsela y esnifársela antes de empezar. Y ojo al dato. Hay segunda parte. No la he visto y esta vez no creo que caiga en la trampa. No aparece Uwe Boll por ninguna parte. Ajá. Muy bien. Tampoco en House of the Dead 2. Pero todos están metidos en el ajo. Guionistas y directores de sendas secuelas estuvieron implicados en la producción y guionización de las primeras, así que va a ser que no, chavalín. No te doy más pasta de mi bolsillo para que luego sigas en tus trece y me brindes de regalo BloodRayne y sus correspondientes dos secuelas. Mira que el videojuego era flojillo en general, pero es que la peli es mucho peor. Todos los fallos de Alone in the Dark por partida doble.

Oh, oh. Pero cuidado, que me da en la nariz que Andrzej Bartkowiak debe ser de la misma quinta. ¿Alguien no ha visto aún Doom? Pues mejor que siga así. Porque la peli se llama Doom como podría haberse llamado Quake o Half Life, por poner un ejemplo. Vamos que, como en las anteriores de Uwe Boll mencionadas, el título debe estar como mero reclamo. Aprovechar el nombre para luego hacer lo que se les antoje. Para mí, ni siquiera los minutos finales con la cámara en primera persona la salvan. Es que me entró la risa tonta cuando lo vi, os lo puedo asegurar. Dejando a un lado las supuestas explicaciones científicas magufas plagadas de topicazos erróneos o el convertir guanderrepente a The Rock en el malo porque sí, la película es larga, llena de refritos del argumento de otras al mogollón, y lindeces del estilo. Pánico me da este hombre, que ahora mismo está con la post producción de Street Fighter: The Legend of Chun Li. Miedo, pánico, es poco.

Y si en esta retahíla de años y estrenos nos hemos topado con pésimas adaptaciones y nefasta películas, le toca el turno a una buena adaptación y una no tan buena película. Sé que algunos de vosotros me la recomendasteis, así que quiero que sepáis que os la tengo guardada. Palabrita. Hablo de Dead or Alive (2006). Se la puede considerar una buena adaptación si tenemos en cuenta que el videojuego pasó de ser un juego más de lucha con unos excelentes gráficos a un reclamo de tetas botando a cada golpe y saltito. Y eso es la peli. Esta foto:

Incluso yo diría que ésta:

Y ya. Bueno, también un Eric Roberts mayorcito y cascado, sin sentido alguno del ridículo. Sigue la estela de Mortal Kombat, con banda sonora molona incluida, pero sin pies ni cabeza. ¿Me pareció aburrida como ella sola porque soy mujer y no capto el encanto de unos buenos melones en acción? Va a ser que no. Me gustan los personajes femeninos que saben dar caña, independientemente del tamaño de su balcón. Las historias y personajes planos me saturan, y el surrealismo me gusta en dosis acertadas. ¿Os he dicho ya que me dormí con Shoot ‘em up? Es por si no había quedado claro.

Uf. Menudo bachecito de títulos nos encontramos del 2003 al 2006. Pero aún había esperanza. En el 2006 llega, para mí, la mejor adaptación que se ha hecho de un videojuego en los últimos quince años y, además, una estupenda película. Silent Hill. Si lo pasé mal jugando, hasta el punto de no poder estar sola en el cuarto mientras le daba a los botones del mando, di muchas gracias de no ir sola al cine. Jesús, qué angustia. Era como estar dentro del juego pero con una pantalla enorrrme. No sólo captaron la esencia y plasmaron el aterrador escenario, sino que además me ayudaron a entender mejor de qué iba el asunto, porque cuando me pasé el juego en su día, me quedé igual que cuando veo una peli de terror oriental. Sin tener ni zorra de lo que ha pasado en realidad, pero encantada de lo que he visto.

Mmm… vaya. Veo que esta tercera parte corre el riesgo de alargarse y no tenía intención de prolongaros el suplicio mucho más. Así que, aligeraré un poco esto. Aún nos queda Hitman (2007) y Max Payne (2008).

Puf. No sé. No sé si decir una de cal y otra de arena o casi una de cal y casi una de arena. Está complicada la cosa. Como películas… bueeeno… psé… Digamos que se las ve venir a la legua y de lo que podría haber sido queda sólo en un intento, la verdad. Sigo pensando que 47 le habría ido como anillo al dedo a Jason Stathan. Timothy Olyphant está mejor de Sheriff en Deadwood. En Hitman lo vi soseras. Aunque a uno le toque un personaje inexpresivo como él solo, bueno, la mirada suele vestir todo lo demás, y aquí parecía que sus ojos dijeran “me estoy partiendo el ojal, ¿por qué decidí hacer esto?”. En fin. Sin mayor pena ni gloria. Mientras que Max Payne… como película… Bueno, mejor os paso un enlace donde hablan de ella y con lo que más o menos estoy de acuerdo. ¿Para qué decir lo mismo si ya lo han dicho otros y mejor que yo? También podéis pasaros por Rescepto Indablog, donde la entrada es más extensa.

Ahora bien, como adaptaciones, ¿qué podemos decir de estas dos perlas? Pues a ver… Hitman es un juego de infiltración, básicamente. En la peli, 47, lo de ser discreto parece que no lo lleva muy allá. Para mí el personaje es más del estilo Leon de El Profesional que… no sé… ¿Bourne, por ejemplo? Sin embargo, hay que admitir que el videojuego tampoco daba para mucho más trasfondo y, en los cinco primeros minutos de película se le trata de dar mayor trascendencia, pero al pasar más tarde de puntillas sobre la posibilidad de ahondar, queda igual de desaprovechada. ¿Es mala adaptación por todo ello? No exactamente. Simple.

En cuanto a Max Payne como adaptación… esperaba como que bastante más, la verdad. Sobre todo si se tiene en cuenta el hecho de que Sam Lake (creador de la historia en el videojuego) iba a estar asesorando en el guión de la película. Sin embargo, la adaptación me parece superflua y que no ha sabido sacar provecho del estupendo escenario que tenía entre manos.

Y, tal y como me temía, esta entrada está siendo más larga de lo que pretendía, con lo que mejor rubrique el final (que sé que lo estáis desando ya; si es que soy una cansina). ¿Proyectos en lontanaza? En fase de pre-producción tenemos Castlevania con guión de Pablito Anderson. Después de Death Race, empiezo a temerme lo peor. No me malinterpretéis. Me lo pasé bien con la peli, pero tiene delito considerarlo remake… o algo (lo que hace que me replantee lo de buen “adaptador”). Así que no sé si decir peor en plan bien o mal. Me refiero a que, visto lo visto en los últimos trabajos de este señor, es obvio que va a ser una película palomitera plagada de efectos y coreografías a lo Coren Yuen. Ahora bien, ¿será un Resident Evil 1 o 2? Vamos, si será fiel o no al original.

Por otro lado, en producción tenemos Onimusha y Return to Castle Wolfenstein. De la primera tampoco sé lo que pensar. Keji Inafune (creador del videojuego) va a estar implicado en el guión, pero… también Sam Lake estaba en el de Max Payne y el resultado no es que haya sido satisfactorio. Así que, aunque debería temblar, mis esperanzas están puestas en Return to Castle Wolfenstein, donde la dirección y el guión corren a cargo de Roger Avary, quien también estuvo implicado en la adaptación de Silent Hill. Avaryto, que te la juegas.

Mmm… Creo que ya está todo. Si me he dejado alguna en el tintero es porque no la he visto, sorry. Y con todo esto, ¿a qué conclusión puedo llegar? Pues a varias, en realidad. La primera es que si ya es difícil que el fan diferencie una mala adaptación de una mala película, con las dosis que estamos teniendo va a ser difícil que no nos echemos a temblar cada vez que oigamos que sale un título nuevo a la gran pantalla. La segunda es que la industria del cine, ante todo, está para lucrarse, y sabe que un título vende y que frikis somos porrón y medio en todo el mundo, así que lo mejor que se puede hacer es ir al cine preparados para lo peor y esperar lo más decente. No olvidemos tampoco que la industria de los videojuegos es tres cuartos de lo mismo. Venden entretenimiento. Y que lo que funciona como excusa para dar unos cuantos tiros pantalla tras pantalla, no tiene por qué funcionar en el cine. Así pues, es lógico esperar sesiones palomiteras en los títulos venideros, y así seguirá durante mucho tiempo… mientras no tengamos un Alan Moore de los videojuegos para cambiar el concepto. Personalmente, me conformo con que a partir del 2010 veamos buenas peliculas, aunque las adaptaciones sean tirando a superfluas.

Antes de dar paso a la segunda parte, quiero recalcar una vez más que lo que aquí comento no es más que una visión personal de cómo he visto yo las distintas adaptaciones de los videojuegos al cine hasta la fecha. Y es posible que muchos no estéis de acuerdo con mis siguientes comentarios al respecto (en los que no entro a analizar en ningún caso la calidad cinematográfica de ninguna de las películas, entre otras cosas porque tampoco soy una experta en la materia), pero como decía el chiste: es mi blog y lo sodomizo como quiera, así que, dicho esto (y no tengo intención de volver a insistir en ello para despejar dudas), prosigo.

Con el cambio de milenio las adaptaciones se suceden como churros. Novelas, cómics, videojuegos… Se insiste en que Hollywood está falto de ideas, y que por eso ha recurrido a las adaptaciones (y los remakes) en vez de aportar historias nuevas. Mi opinión personal es que vio el filón y se tiró a por él de cabeza. Éramos mucho friki suelto por el mundo, y sólo con eso le bastaba para cubrir unos mínimos en taquilla.

En el caso de los videojuegos, desde el 2001 ha habido al menos entre una y dos películas que han sido estrenadas en la gran pantalla. Y, lo más importante, a diferencia de las que vieron la luz en los 90, no eran (no son) de corte infantil, precisamente, aunque algunas lo parecieran a primera vista. Así, el 2001 arranca con Final Fantasy: The Spirits Within y Lara Croft: Tomb Raider.

No soy fan de la saga FF. Intenté jugar alguna vez, pero la verdad es que el juego no me dio más. Eso sí, el diseño de personajes me parece molón como él sólo (de hecho, en una de mis estanterías tengo una figura de Sephiroth), y las animaciones de lo más curradas. La película iba a utilizar la misma técnica, y Hironobu Sakaguchi (director y creador de algunas de las historias de FF) iba a estar al cargo de la dirección y el guión, por lo que no iba a tener que preocuparme de si era una buena o mala adaptación, sino sólo sentarme en la butaca y esperar el disfrute visual. Y eso fue en realidad lo que pasó. Disfrute visual. Pero por lo demás, personalmente, me dejó fría. No es que sea una mala película, sino una película más realizada por ordenador, con la sensación añadida de que parecía estar hecha para un público americano. ¿En qué me baso para decirlo? Bueno, después de haber visto Final Fantasy VII: The Advent Children (2005), una no puede evitar quedarse con esa idea. Qué queréis que os diga. Prefiero esta última a su predecesora.

En cuanto a Tomb Raider… He de admitir que salvo el primer cuarto de hora, el resto me pareció aburridillo cuando la vi por primera vez en el cine. Sin embargo, con el paso de los años (ya sabéis, el repaso anual de frikeces de temática similar como el de “heroínas buenorras haciendo el cafre”, léase Angelina Jolie y Mila Jovovich, principalmente) he ido cogiéndole cariño. De hecho, hasta hace bien poco, me parecía mucho mejor Tomb Raider: La Cuna de la Vida (2003), como película y como adaptación. ¿Por qué? Pues, sencillamente, porque reconocía escenas familiares. Lara Croft/Angelina Jolie (esa hembra) haciendo submarinismo, llevando una moto de agua, dándole al moto cross… Sin duda, era casi como estar dentro del juego, pantalla tras pantalla, y me lo pasé de vicio viendo escena tras escena. Sin embargo, como decía, con el tiempo y tras tomar perspectiva, fui consciente de que la primera era una presentación de personajes y escenario, mientras que la segunda era entretenimiento puro y duro, sin mayores pretensiones. En definitiva unas películas aceptables para pasar un rato y unas adaptaciones a las que no se le pueden pedir mucho más.

En el 2002 llega mi gran sorpresa: Resident Evil con Paul W. S. Anderson a la cabeza (sí, ese tipo que la mayoría considera un mal director y que, para mí, es un más que decente “adaptador”). Aún a riesgo de ser pesada por rememorar una y otra vez la misma anécdota cuando hablo de este tema, recuerdo el día en que vi el trailer promocional en una sala de cine y, casi por resorte, me llevé de inmediato las manos a la cabeza. Dios Santo, se atrevían a ultrajar mi vaca sagrada. Intolerable. Por supuesto, me negué en redondo a ir al cine a verla… hasta que cierto día cayó una copia en versión original subtitulada en mis manos y no pude más que quitarme el sombrero. No sólo aprobaba con nota alta, sino que además era una adaptación decente. La mejor de toda la trilogía para mi gusto. Una película de zombis con los ingredientes clásicos, y un escenario que bien podría haber sido utilizado para un spin-off del propio juego, sin alterar el trasfondo del que bebía. Todo lo que no sucede en la secuela. Ay, Anderson, Anderson. Cómo te perdiste.

Siempre he dicho que RE: Apocalipsis (2004) no me funcionaba ni como película ni como adaptación, aunque sí puedo entender por qué la secuela está mejor valorada por aquellos que no conocen la saga. Es, sobre todo, porque al fan (por supuesto, me incluyo) le resulta más difícil hacer la distinción entre mala película y mala adaptación. Y en este caso en concreto, a mí misma me costó horrores no meterlo todo dentro del mismo saco.

La secuela es palomitera. Un montón de zombis, acción, acción y más acción, y Mila Jovovich repartiendo estopa a saco sin dejar de lucir pose molona. ¿Cómo no iba a gustarle a los “ajenos”, y más aún a los adoradores de pelis como Crank, Transporter 2 o Shoot ‘em up? En mi caso, se me hizo innecesariamente larga (como las pelis que acabo de citar y que además me costó horrores verlas acabar). En cuanto a adaptación, es nefasta, aunque creo que el problema reside, no tanto en las aberrantes meteduras de pata, sino que por querer abarcar demasiado para deleite de los fans, la cagaron pero bien cagada. Demasiados detalles del juego metidos con calzador para mantener la “coherencia” con la historia que trataban de contar.

Por otro lado, y aún arriesgo de que acabéis de crucificarme por ello, prefiero RE: Extinción (2007). Es mala, sí, pero me entretuvo como que bastante más que Apocalipsis. Una mezcla entre Mad Max 2 y La Tierra de los Muertos Vivientes. ¿Es una mala adaptación? No creo que pueda calificarse como adaptación, sencillamente. Si a los cinco minutos de película prescindes de que en el título pone Resident Evil (que aparezca por ahí un tal Wesker y una tal Claire Redfield no es más que pura coincidencia con el original) y te quedas sólo con Extinción, descubres que el apósito no es más que una excusa para explotar una franquicia sobre zombis con heroína molona repartiendo mamporros incluida. Punto. Por supuesto, cuando salga en DVD la supermegachuliguay edición de coleccionista, me la compraré, y no sólo por puro completismo. También tengo las dos primeras de Blade y me niego en redondo a comprarme esa aberración con el subtítulo de Trinity. Para mí, sencillamente, no existe.

Vaya. Veo que me he enrollado como las persianas, para variar, y que me he dejado en el tintero un estreno que también tuvo lugar en el 2003. Un estreno que vaticinaba el desastre. Uwe Boll entra en escena. El Apokeclipse se desata. Con House of the Dead este individuo pone un pie en la dirección y otro en la producción, y ya no habrá manera humana de perderlo de vista. Ni a él, ni a sus abominaciones. La temible era Boll había llegado.

Continuará…

De Bits a Frames era el título de un artículo que tenía preparado (hace un año ya) acerca de las distintas adaptaciones cinematográficas de videojuegos en los últimos quince años. Como ya comenté en su día, me decidí a publicarlo en el blog cuando, al repasarlo, me di cuenta de que el enfoque no había sido del todo acertado, así que me decidí a rehacerlo y actualizarlo, con el resultado que pasaré a mostraros en breve.

En cualquier caso, no pretendo redactar algo sesudo y analítico, sino, sencillamente, mi opinión personal al respecto y que, como os podréis imaginar, no está muy conforme con los resultados, aunque admito que también ha habido sorpresas agradables.

Y para empezar, quiero dejar bien claro, que para una fan como yo, entrar a valorar una adaptación, sea cual sea la fuente (novela, cómic, videojuego…), no es tarea fácil. Cuando te tocan lo más sagrado es lo que suele pasar. Cuesta separar una buena o mala película de una buena o mala adaptación. Por otro lado, mi gusto en películas no está a menudo acorde con la opinión generalizada. Por ejemplo, El Guerrero nº 13, Fantasmas de Marte, El Pacto de los Lobos, están dentro de mi listado de películas favoritas y, sin embargo, ha habido veces que con sólo mentarlas la gente se ha llevado las manos a la cabeza y ha empezado a echar pestes sobre ellas. Así pues, aunque hablar de buena o mala película va a ser más que subjetivo, intentaré ser lo más objetiva posible cuando me refiera a ellas como una buena o mala adaptación.

Hechas las presentaciones, mejor entro ya en materia.

Hablar de las adaptaciones hechas en los 90 y las realizadas en la presente década es hablar de dos concepciones totalmente distintas. Una infantilizada y otra adulta. Basta con hacer recuento para entender a dónde quiero llegar.

En 1993 se presenta en las salas Super Mario Bros, una película de corte familiar basado en el popular videojuego de plataformas. Palomitera y para críos sería su definición. Como adaptación deja mucho que desear, y como película no es mucho mejor, aunque abre la veda para que las siguientes sigan la misma línea. ¿A qué línea me refiero? A la idea preconcebida de que los videojuegos son un producto para niños y, por tanto, sus adaptaciones deben seguir la misma estela. A los hechos me remito.

En el 94 vieron la luz Double Dragon y Street Fighter. El trasfondo de estos videojuegos es bien simple: golpea y arrolla. Una pantalla tras otra. ¿Sería posible sacar algo decente de ahí? En mi opinión, sí, por supuesto. Double Dragon podría haber tenido un corte al estilo The Warriors donde sustituiríamos a los miembros de esta banda callejera por los hermanos Billy y Jimmy Lee; y el objetivo pasaría de cruzar la ciudad a rescatar a Marion, la dama en apuros. Por otro lado, Street Fighter habría sido la candidata perfecta para un Contacto Sangriento III (la segunda, para mí, sigue siendo Kickboxer) ya que el trasfondo es prácticamente idéntico. Un montón de luchadores que compiten entre sí para ser el number one. ¿Por qué, sin embargo, no se partió de premisas como estas para las adaptaciones? Porque los videojuegos son para niños, por lo tanto, las adaptaciones deben estar destinadas a este público en particular.

Eso fue, a mi entender, lo que pensaron sus productores. De ahí la gran decepción que sufrimos los fans. Con mis dieciocho añitos (no era una cría precisamente) me tragué en el cine sendas “comedias” familiares. ¿Me lo pasé mal? La verdad es que no, aunque tal vez debería recalcar una vez más lo de mis extraños gustos (sí, no me avergüenza decir que me mola Un Canguro Superduro, qué pasa). Y más no se le podía pedir a estas películas catalogadas para todos los públicos, ergo cumplían su función: entretener a la familia… o algo. ¿Eran, por otro lado, buenas adaptaciones? Nefastas diría yo. El trasfondo, el espíritu de ambos juegos fueron tratados como mera caricatura del original.

Mortal Kombat (1995) fue el intento (fallido, para algunos; para mí eso es cuestionable) de cambiar esa idea preconcebida de que los videojuegos son para niños y, por tanto, sus adaptaciones deben seguir la misma línea. Pero claro, ¿quién estaba en la dirección? Paul W. S. Anderson. Para algunos este tipo puede ser un gañán; para mí, sabe hacer adaptaciones, cosa que no es tan fácil como parece. Y Mortal Kombat es una adaptación decente. No es una película para críos, sino para fans. La atmósfera es oscura, la banda sonora es muy del estilo Killer Instinct (otro videojuego del mismo corte que Mortal Kombat), la trama sigue más o menos de acorde con el original… Yo la disfruté en su día (como película y como adaptación), sobre todo si la comparaba con las anteriores mencionadas, aunque ahí ya entramos en una cuestión de gustos. Sus secuelas, por otro lado son inenarrables. De hecho, la segunda fui a verla al cine. Dios Santo, no había por dónde cogerla. La tercera aún tuve la paciencia de verla en vídeo. Hablar de surrealismo es poco. De la cuarta me desentendí totalmente como comprenderéis.

Wing Commander (1999) también lo intentó, pero pasó sin pena ni gloria, al menos por las carteleras españolas. Es una buena adaptación, faltaría plus, y más con Chris Roberts (creador del videojuego) en la dirección, pero como película es previsible como ella sola. Indiferencia sería la palabra para definir mi estado de ánimo cuando acabé de visionarla. Era un nuevo intento de sacarla del concepto infantil, vale, aceptamos barco, pero no consigo encontrarle mayor mérito. Una peliculita sin mayores pretensiones.

¿Significaba eso que estaba todo perdido? ¿Que todo iba a quedar en “intentos”? ¿Volverían las productoras a la infantilización de estas adaptaciones para asegurarse al menos unos ingresos mínimos en taquilla, o se darían cuenta que la clave sería centrarse en un público más adulto (como está sucediendo a día de hoy, tarde pero a tiempo, con las adaptaciones de los cómics de superhéroes)? Ah, bendito cambio de milenio y de concepto. Pena que aún así, haya demasiado caradura suelto. Un caradura llamado Uwe Boll. Pero no adelantemos acontecimientos todavía. Ya habrá tiempo para eso.

Continuará…

Contacto Sangriento

Anoche, tras ver un nuevo capítulo de Sobrenatural, y sin nada más que hacer después más que ponerme a hacer zapping, me topé en Calle13 con esta maravilla del pasado. Contacto Sangriento. Dios Santo, qué recuerdos.

Contacto Sangriento

Al principio me puse a verla por pura curiosidad. Hacía unos diez años que no había vuelto a ver la peli y eso que, en su día, debí visionarla una y otra vez (en VHS, toma ya) por lo menos cincuenta veces. De que me quise dar cuenta, la vi enterita de nuevo. Ese pelo, esas ropas ochenteras, la banda sonora a lo Rocky Balboa, la famosa frase de “el ladrillo no devuelve el golpe”… ¿Cómo iba a perderme esa maravilla? Y lo mejor: al final se dice que la película está basada en hechos reales de la vida de Frank W. Dux… pero si esperas los títulos de crédito finales, en letra pequeñita pone eso de “esto es ficción; cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia”. Qué grande, sí señor. Qué grande.

Ese espíritu de superación, esa camadería, ese culo de Jean Claude Van Damme que no podía faltar… Todo un clásico para guardar a buen recaudo en la videoteca. La peli, claro. Qué tiempos aquellos en los que Jean Claude molaba. Hasta hacía remakes de sus propias películas como KickBoxer. Pero siempre nos quedará Contacto Sangriento. Qué grande.

Y como pequeño homenaje, este vídeo de youtube, Fartura Sangrienta, en asturiano.

La Criatura Perfecta

Dicen que sobre gustos no hay nada escrito, aunque con sólo echar un vistazo en internet, por ejemplo, puedes leer de todo. Yo acabo de mirar unas cuantas críticas y comentarios sobre La Criatura Perfecta y, cómo no, mi reacción después de ver esta película no ha sido la misma que la de otros muchos, pero, francamente, me importa un bledo.

Algunos dicen que para ser hora y veinte de película, se hace larga. En mi caso se me hizo más que corta. Hay quien dice que el argumento es tan simple que lo único digno es el escenario planteado. Yo soy de las que piensa que una película no tiene por qué tener un argumento oscuro o enrevesado para que funcione. De hecho, aplico el mismo criterio cuando me enfrento al diseño de un producto. La sencillez en la forma me parece más limpia, natural, atrayente, que complicarse la vida en algo que sólo van a apreciar unos pocos (sumado a unos muchos que creen que es lo correcto porque unos pocos dicen que lo es).

He de admitir, por otro lado, que cuando acabó la película no tenía muy claro si me había gustado o no. Estaba aún embobada por el escenario en el que transcurre la historia, intrigada por el universo creado y del que apenas obtenemos unas pinceladas. Las suficientes para no sufrir un empacho y, al mismo tiempo, quedarte con ganas de más. Así que una hora más tarde, después de haber indagado en internet y descubrir, para mi decepción, que no hay novelización de la historia, decidí volver a ver la película. Y cuando acabó el segundo pase decidí que sí. La película me gusta. Mucho. Estoy prendada de ella.

Supongo que en el primer pase aún estaba bajo el shock del descubrimiento tras los cinco primeros minutos de película. Había leído la sinopsis, pero al ver a qué se refería con la mutación, fue “coño, no me esperaba esto para nada, y encima está planteado en un escenario de ciencia ficción”. En el segundo pase, prestas más atención a los detalles y sí, vale, el argumento sigue siendo simple, pero la idea que subyace, sencillamente, me hipnotizó. Sigue jodiéndome horrores que no esté basado en una novela a la que poder hincar el diente y saber más sobre este mundo y su trasfondo, aunque tal vez sea ese su encanto. La insatisfacción agridulce en mi caso.

Como ya he dicho, sobre gustos no hay nada escrito, y es más que probable que muchos piensen, tal vez, que es un forro de película o que, sencillamente, no da la talla ante la espectativa inicial que suscita. No oiréis nada de eso salir de mi boca. Yo la recomiendo, aunque luego queráis matarme. Como véis, no he contado nada, ni he revelado ningún detalle de la película. Verla sin un conocimiento previo creo que es lo mejor. En serio.

Glenn Standring, quien ha escrito y dirigido la película, apenas tiene un par de cortos y otra película en su filmografía. Si sigue revisitando los mitos, creo que voy a estar atenta a sus posibles nuevos trabajos.

Cuatro días

Cuatro días duró la EstelCon. Cuatro días en los que me lo pasé de miedo. Las actividades fueron geniales (aún se me dibuja una sonrisa al recordar el musical con el que nos deleitaron los del smial de Edhellond), pero sin duda, para mí, la compañía fue lo mejor.

¿Cuánto tiempo hacía que no nos reuniamos todas de esa manera? ¿Cinco años? Cómo se echan de menos ahora nuestras bromas, nuestros comentarios burros y las risas. Y qué extraña fue la sensación de que nos acabábamos de ver el día de antes. Sin duda eso es bueno. Más que bueno, cojonudo. Y aunque el bar quedaba cerca, sólo faltó el Lambrusco.

Nos volveremos a ver. Claro que sí. Y como en nuestro reencuentro en la EstelCon, no podremos evitar pensar que, en realidad, nunca nos hemos ido.

http://www.flickr.com/photos/madyvette/sets/72157608430209846/

¿Minority Report?

Leo en Yahoo! la siguiente noticia. Mis reacciones en orden cronológico han sido las siguientes:

  1. ¿El articulista ha adelantado la fecha de los Santos Inocentes?
  2. ¿Me he vuelto paranoica o dice primero “Juego de rol on line” antes de llamarlo videojuego sin más?
  3. Si la tipa no ha matado a nadie ¿de qué se la acusa realmente? No he leído intento de homicido por ninguna parte, ¿no?
  4. Entonces… ¿los policías han actuado como en Minority Report?
  5. ¿En la peli no daba a entender que no se podía asegurar al 100% que la intención sola, la precognición si nos ponemos así, no bastaba por si misma o algo de eso?
  6. En serio. Esto es una broma, ¿no?
  7. A ver. Que lo repaso. Así que, según el articulista, mis acciones en un juego tienen consecuencias en el mundo real. Cielo Santo. Voy a emepzar a comprarme juegos donde pueda matar a marcianos invasores para que no puedan conquistarnos en la vida real.
  8. Veamos… La fecha sigue siendo 24 de octubre. ¿He viajado al futuro? Hoy no es el día de los Santos Inocentes. ¿Se les habrá colado la publicación del artículo antes de tiempo?
  9. Esto tengo que publicarlo en mi blog. Jur-jur.
  10. Sí, sí. Pone, claramente, que la tipa es detenida tras matar a un personaje digital. A ver. Sí. Leo “personaje” y leo “digital”, claramente. Lo sigo flipando. No leo intento de homicidio “real” por ningún lado. Sip. Definitivamente esto lo tengo que poner en el blog.

A lo mejor es que yo soy una ingénua, pero si la noticia es cierta, los japoneses están mu mal. Lo que comentan de Holanda… es comprensible si pasó de intimidar en el juego a hacerlo en vida real. Son cosas mu distintas, ¿no?

El mundo está loco. Definitivamente.

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