Recomendaciones
Dic 22nd, 2007 by Kundalah
Dicen que las casualidades nunca vienen solas. ¿O eran las desgracias? Da igual. En cualquier caso, una vez más, sin comerlo ni beberlo, he adquirido una serie de cosillas que, de alguna forma, por trasfondo quizá, se interrelacionan entre sí y que además no puedo evitar recomendar. En serio. Estoy sorprendida hasta yo. Debe ser que la buena suerte ha decidido dejar de jugar al escondite conmigo, la muy jodía.
La primera perlita es Wormwood Putrefacto Caballero de Ben Templesmith. Siempre pensé que este tipo era mejor dibujante que guionista (su dibujo salvaje me tiene totalmente atrapada y no puedo evitar comprar cualquier cosa suya que llegue a mis manos), pero en esta ocasión me tengo que quitar el sombrero. Sí, esta vez sí, lo ha conseguido, incluso el remate final, que para mí siempre fallaba en las obras de Templesmith y Niles, no podía ir más acorde con una historia tan ida de olla, irreverente y macarra como ésta.

Wormy, el protagonista de esta historia, es un gusano alojado en la cavidad ocular de un cadáver trajeado al que de tanto en tanto le encargan trabajitos de investigación de tipo sobrenatural (no es para menos) y de exterminio, ya puestos. Le acompaña un robot un tanto peculiar; barbudo y con gafas de sol al más puro estilo ZZ Top. La presentación de estos dos ya es suficiente para darse uno cuenta que no es una historia seria y sobrenatural más. Es una coña detrás de otra. Como digo, una ida de pinza deliciosa que mejor descubráis vosotros mismos. Después de Criminal Macabre, no podéis dejar pasar este Wormwood.
La segunda perlita de la que os quería hablar es El Cadáver Alegre, segunda entrega de la serie Anita Blake de Laurrell K. Hamilton que por fin, aleluya, Gigamesh ha sacado a la venta. Si el primero, Placeres Prohibidos, me gustó, éste me ha encantado. Primero porque se aleja por completo de la temática vampírica tan manida y se centra en la “reanimación”. Me gusta cómo ha exprimido ese trasfondo. Una buena historia de zombis e intriga sin caer en la eterna premisa de La noche de los muertos vivientes. Y segundo (porque si digo “primero” es porque debe haber por lo menos “segundo”) porque cuando una acaba la página 293 y piensa “necesito el tercero ya”, debe ser una buena señal.

Me encanta Anita. ¿Os lo había dicho ya? Me pierden las protas macarras. Bajita, malhablada, sin pelos en la lengua, dura, muy dura, pero lo más importante, le duele cuando la golpean, sangra si la hieren y, sobre todo, aunque sea “uno de los nuestros”, desprende feminidad por los cuatro costados. Algo que siempre me ha gustado en este tipo de protagonistas. No es un chicote con tetas, sino una mujer de armas tomar. Por cierto, sólo un comentario: ¡que Anita le pegue un tiro entre ceja y ceja de una vez a ese maldito Jean-Claude! Su renovado aire de superioridad unido a su “sé que estoy buenorro que te cagas y mojas las bragas sólo con verme” me dan ganas de partir cráneos, en serio.
Pero no me voy a enrollar mucho más con este tema. Aún me falta la tercera perlita: Carnivàle. Una serie de la HBO que consta de dos temporadas de doce capítulos cada una. Tiene ya sus añitos y fue mi amigo Carlos quien me habló de ella el año pasado si mal no recuerdo. De momento sólo es posible conseguirla en versión original con subtítulos en castellano, aunque supongo que no tardaremos mucho en encontrarla doblada, ya que, según tengo entendido, la cadena de pago Dark la emite todos los sábados a partir de las 22:00.

¿De qué va esta serie para que me tenga atrapadísima? Buena pregunta, sí señor. De qué va… de qué va… no sabría explicarlo, pero mola que te cagas. Tenemos a un grupo de feriantes un tanto peculiar que recorre la América profunda, un prota que se une a ellos y que oculta un poder especial y un cura aún más especial si cabe, conectado de alguna manera con el prota en cuestión. Nada más empezar te dicen que es una historia sobre la lucha entre el bien y el mal, sobre la fantasía frente a la lógica. Ahora bien, ¿quién representa a qué bando? Esa es la pregunta que hay que hacerse. Si podéis conseguirla os aseguro que no os defraudará. Yo aún no he acabado la primera temporada, pero esto mejora por momentos, en serio. Algo me dice que os tendrá tan atrapados como a mí.
Y bueno, estas son las tres perlitas que os recomiendo esta semana. Esperemos que siga esta racha. Así da gusto comprarse cosas, la verdad. Echaba de menos este tipo de fantasía moderna, fuente de inspiración para esta mente abotargada desde hace tanto que ya ni me acuerdo.
El personaje de Anita es realmente bueno, y como dices, no es un tío con tetas. La serie parece que va a mejor. La lástima es que, al menos en las dos primeras novelas, la ambientación lo es todo, y el argumento falla (en esta segunda hay un momento de iluminación por parte de Anita que, en un escritor de novela negra, sería causa de que lo echasen del género a gorrazos; y en la primera el caso se resuelve solo y Anita está presente casi por accidente).
Eso sí: hay Jean Claude para rato; acostúmbrate
Entiendo que esto irá “madurando” poco a poco. Precisamente uno de los motivos por los que me gustó más que la primera es por el final. En el primer libro, como tú bien dices, es precipitado y sacado de la manga. En el segundo, yo me temía que vinieran a rescatarla o algo y no, pudo ella solita, cosa que ya le dio puntos, al menos para mí.
Sólo hay otra cosa más que no me gusta (o no sé si decir me disgusta… no sé, no encuentro el palabro) y aunque al principio de El cadáver alegre no se nota mucho, luego se va notando más. Esa manía de describir toooda la indumentaria que llevan, tanto ella, como otros protas, como hasta los secundarios, por dios. Al menos en esta última entrega no parecen sacados de una peli erótico-festiva
Y ya. Me imagino que hay Jean-Claude para rato. Grrrr… Ganas de matar aumentando…
Bueno, a mí que Anita describa su ropa y los problemas de ocultar la pistola me parece gracioso. Respecto a la ropa de los demás, no me he fijado si la describe mucho o no.
En cuanto a lo de la peli erótico-festiva… cada vez que habla de Jean Claude da repelús, como cuando dice algo así como que si embotellasen su risa, produciría orgasmos (hablo de memoria, pero el comentario es de ese pelaje). Mon dieu.