Cierta personita me ha nominado, sí, nominado, para uno de esos memes que están ahora tan de moda. Suelo ser bastante reacia para seguirlos, pero en esta ocasión haré una excepción a falta de postear algo mejor.
Se supone que debo publicar las reglas, poner ocho cosas sobre mí misma y luego nombrar a ocho personas más para que sigan la cadena. Espero se me disculpe, pero paso de la primera y de la última sentencia. Pongo ocho cosas sobre mí misma y a quien le apetezca haga lo mismo en sus respectivos blogs, aquí o donde le plazca más.
Yo he elegido ocho cosas sobre mi infancia y pre-adolescencia que creo me definen más que bien sobre cómo soy ahora. Juzguen ustedes mismos:
1. Aprendí a leer y a escribir con dos años y, aunque mi padre me torturaba todos los días poniéndome unas sumas y restas de dos y tres hileras que iban de parte a parte de la libreta (tamaño cuartilla, eso sí) resolver problemas matemáticos no se me dio muy bien hasta que con siete añitos recién cumplidos mi padre me apuntó a la banda de música del pueblo. Ya sabéis: música y matemáticas van ligadas. Mi madre, por otro lado, quiso meterme en la línea en valenciano, pero el colegio no le dejó porque en casa sólo se hablaba en castellano. Así que cuando la línea en valenciano no funció (por falta de gente apuntada) y nos juntaron a todos, aprendí valenciano por mi cuenta, sólo escuchando a mis compañeros hablar. Eso y la emisión de Bola de Drac (Dragon Ball) en la TV3, lo que admito, marcó una pronunciación algo catalana en mi valenciano.
2. En Cuarto de EGB empezó mi interés por la escritura. Mi profesor Ismael nos obligaba todas las semanas a escribir un cuento. Mientras para mis compañeros eran unos deberes insufribles, para mí se convirtió en un divertimento más que a día de hoy no ha perdido fuerza. Me pasé un par de años ahorrando (de la paga de doscientas pesetas que me daba mi madre todas las semanas) hasta que me pude comprar mi máquina de escribir Olivetti (que aún conservo) y que si no recuerdo mal, me costó unas doce mil pesetas. Creo que aquella hazaña ahorrativa fue la que también marcó mi actitud catalana de “la pela es la pela”.
3. Nunca hacía los deberes al llegar a casa. Tenía cosas más importantes que hacer como imaginarme aventuras y construir casas con el Tente o lo que encontrara a mano. Cuando el profesor me nombraba para que resolviera algún ejercicio, lo hacía en el momento. Creo que eso le sentaba mal. El que sacara buenas notas sin estudiar. Esa actitud ha sido muy corriente a lo largo de mi vida. Sé que podría haber sacado unas notas muchísimo mejores, pero mi prioridad siempre fue vivir, no sobrevivir el momento. Y a día de hoy lo mantengo.
4. Descubrí pronto que prefería estar en el grupo de chicos que en el de chicas. No es por una cuestión de atracción, que conste, es que en la banda de música del Parque Alcosa (Alfafar) había demasiada arpía suelta. Los chicos tal vez fueran unos brutotes, pero eran más nobles y menos complicados. Las chicas… uf. Era como ver o leer una novela sobre conspiraciones en la corte. Y creo que a ellas les fastidiaba que me llevara bien con los chicos. Supongo que porque mientras ellas se esmeraban en ser llamativas flores, yo prefería ser un cardo revoltoso, salvaje. También supongo que me tenían tirria porque sus padres hablaban siempre bien de mí. ¿Por qué? Porque allá donde fuéramos, no me separaba de mi padre (que también tocaba en la banda) en vez de huir de él como hacían los/las demás de los suyos. Lo que ellos no entenderían jamás es que no era sólo por ser una niña buena y obediente, sino porque las conversaciones de adultos me resultaban de lo más interesantes. Así aprendí que cuando los mayores hablan, los pequeños callan. Lo que acabé adoptando como: cuando los entendidos hablan no abras la boca, escucha, aprende, de lo contrario, puedes quedar como una cría.
5. En aquella época preadolescente, también descubrí, para mi sorpresa, que mi padre no andaba errado en todo lo que me había explicado sobre los hombres. Sí, podían ser unos brutotes nobles, pero cuando sus hormonas rugen se vuelven gilipollas. Yo no quería creerle, pero cierto día, la venda cayó de mis ojos. Íbamos los de la música en autobús para ir a tocar a nosédónde. En el pasillo estrecho se cruzaron dos personas. Vi cómo el chaval le restregaba el hombro, un poco más de lo habitual, a una compañera en la espalda. Cuando éste llegó a la parte de atrás y se sentó, les dijo a sus compañeros “menuda sobada le he metido a la Raquel”. Flipar en colorines amarillos fue poco. Supongo que eso, junto con mi fuerte moral judeocristiana respecto al sexo, me convirtió en una estrecha. Bueno, no es que fuera exactamente una estrecha, es que aprendí a espantarlos muy bien. Digamos que supe marcar mi espacio vital, lo que algunas personas ya conocen como el modo Terminator ON. Aplicable no sólo a mí, sino a mis amigas. Ya que siempre tuve pocas (pero bien escogidas, que conste), mi defensa era y es férrea sobre ellas.
6. Otra realidad que aprendí sobre mí misma con respecto a los hombres, quedó patente en el viaje de fin de curso en octavo de EGB. La caza. La caza, el flirteo, es sin duda apasionante, pero una vez conseguida la presa, luego no sabía qué hacer con ella. Ya no era sólo una cuestión de perder el interés, sino sencillamente darme cuenta de lo torpe y vulnerable que me podía llegar a sentir. Me gustaba mucho uno de los chicos repetidores. Era más mayor, rebelde, estaba buenísimo y todas iban detrás de él. Pero claro, la durita era yo, así que me supongo que para ambos el otro era una presa apetecible. Una noche, en la discoteca, el chaval se armó de valor y me dijo “¿quieres bailar?”. Mi respuesta quedará marcada en mi existencia para el resto de mi vida: “No sé”. Su réplica: “pues si tú no lo sabes, yo tampoco”. Y ahí acabó todo. Más adelante, ya tarde, le pregunté si quería bailar. La respuesta obvia fue NO. Esa ha sido una premisa que a lo largo de mi vida me ha perseguido, pero que el orgullo (que me sobra a capazos) ha sabido camuflar bien.
7. El orgullo. Uf, sí. El orgullo. Un arma de doble filo que he esgrimido desde que era una mocosa y que aún a pesar de su doble cara me ha permitido superarme a mí misma por cada barrera que me han impuesto. Nunca hizo falta que me riñeran dos veces. La primera ya me hería lo suficiente para recordarla de por vida. Y sobretodo me sirvió para machacar las intenciones de todos aquellos adultos emperrados en imponerme su criterio. Vales más para abogado que para arquitecto, debes ir a FP y no a BUP (por aquel entonces se consideraba que los que iban a FP era porque no tenían capacidad para entrar en BUP), como escribes novelas tú tendrías que estar en letras y no en ciencias, como no entras a mis clases sin duda es porque no tienes ni idea de ponerle cotas a una pieza, como eres mujer sólo puedes ser nuestra secretaría y no nuestro ingeniero técnico… El orgullo fue mi arma en todo momento y con ella demostré a toda esa gente que yo soy única dueña de mi destino. Soy yo quien elige lo que quiere ser. Nadie iba a imponerme lo que ellos pensaban que era mejor para mí sólo por creerse con potestad para hacerlo. Y así seguirá siendo.
8. Y bueno, último punto con una reflexión general o puede que sea más bien una autoafirmación. No me arrepiento de nada de lo que he hecho en esta vida. Para variar, los errores que cometí en la infancia los repetí en la adolescencia e incluso en la etapa más madura. Cada vez los abordaba de una manera (venían camuflaos los muy jodíos), pero los superaba de la misma. Tesón y orgullo. Pero bueno, sólo hay que recordar el dicho ese sobre el hombre y la piedra. Tampoco soy una de esas personas que se compadecen de sí mismas y envidian la suerte de los demás. Prefiero actuar, en vez de sólo quejarme. La suerte no se encuentra. Se busca. No juzgo a nadie sin méritos para ser juzgado y me fastidia enormemente la libertad que se toman otros que no conozco de nada para juzgarme. En definitiva, no me molestes y no serás ignorado. Como me dijo alguien una vez en un momento crudo de mi vida en el que necesitaba algún punto donde agarrarme: el mayor desprecio es no dar aprecio.
Así que aquí tenéis. Ocho cosillas sobre mí. Inquieta (siempre buscando nuevos retos, nuevas fuentes de conocimiento) y orgullosa (tanto una virtud como el mayor de mis defectos). Ah sí, que no se me olvide. De la misma forma que me opuse a todas aquellas personas que insistían en imponerme lo que ellos pensaban que era lo mejor para mí (y que de haberme hundido hoy no sería lo que soy), ahora mismo me la soplasuda todo lo que otros opinan sobre que ya estoy mayor para hacer esto o lo otro. Esa manía que tienen algunos de imponer un canon social de comportamiento, derivado de una frustración por no haber conseguido lo que querían en su día y que pretenden que el resto seamos igual de desgraciados para sentirse mejor consigo mismos porque así nadie conseguirá más que ellos, me enerva. Ante eso, sólo me queda preguntar: ¿vives la vida o sobrevives a ella? Admiro y respeto a todos los que son capaces de vivirla.
“…ahora mismo me la soplasuda todo lo que otros opinan sobre que ya estoy mayor para hacer esto o lo otro…”
Uff… pues ya verás, ya, cuando seas mayor de verdad y sigas haciendo lo que te da la gana…
Sip. Cierto. Despues de haber visto, leído y oído lo que he visto, leído y oído, me supongo yo que me uniré al club de los “reprendidos” llegado el momento. Curioso. Nunca de los amigos de verdad, salvo alguna broma casual que otra.
Es idea me recuerda a los niños que salen de misa con la ropa de los domingos. A algunos no les importa meterse en el arenal y pringarse hasta las cejas mientras hacen castillos. Y otros se contienen las ganas inmensas de hacer lo mismo y reprenden a los demás por su actitud con aire autoritario como si supieran de la vida más que el resto.
Como digo, en cualquier caso, mi respuesta será la misma ¿vives o sobrevives?, vive y deja vivir, la paja en el ojo ajeno…
Dos cosas, una, se escribe hazaña, no azaña, y se escribe Lego, no Tente.
Okis!
Subsanado lo primero, teviámatá lo segundo
Lego kk. Las piezas del Tente eran mejores ;-P
Exin Castillos.
Eso eran construcciones (por debajo de la piedra tallada con tus propias manos, quiero decir…).
Tengo que confesar, en un offtopic ya total, que yo con las construcciones empecé con bloques de madera coloreados, que siguen en mi trastero en algún lado esperando el relevo generacional.
De hecho, Tente y Exin Castillos eran de la misma casa y usabaeln mismo tipo de bloquecitos. Sólo que Tente era digamos más “generalista” y Exin Castillos, evidentemente, más especializada. Pero muchas piezas eran intercambiables.
yo tb tenia los bloques de madera coloreados, eran cilindros, cubos, y el que mas me molaba era el que tenia forma de puente.