Enfados y desenfados
may 18th, 2007 by Kundalah
Hace bien poco me acabé de leer El sexto mesías (Los seis mesías, según el título original, qué cosas) de Mark Frost. La segunda parte de La lista de los siete, aquella novela que ya os recomendé en la entrada Obligándome a leer. No puedo decir ni que sea mejor ni peor que la anterior. Sencillamente distinta. Si uno va predispuesto a encontrar lo mismo que en la primera novela, posiblemente se lleve un gran chasco. E insisto, no es que sea más floja que su predecesora es que la perspectiva es totalmente distinta.
Ya de partida, olvídate de sumergirte en un oscuro ambiente victoriano inglés, sino nada menos que en el oeste americano. O más bien diría, que la novela es una viaje que nos lleva desde las distintas ciudades norteamericanas en pleno auge de inmigración hasta un asentamiento perdido en mitad del desierto donde aguarda el malo maloso. De hecho, según vas leyendo, es más que evidente de qué nacionalidad es su autor, por muy bien que remarque el espíritu inglés del protagonista Doyle.
Por otro lado, si bien la primera novela podía recordarte de alguna manera la entrañable película El secreto de la pirámide, pero con el propio Doyle de protagonista, en la segunda no existe ese protagonista principal, sino una ristra de ellos. De hecho, en más de una ocasión me ha recordado a las teleseries de ahora (Perdidos, Héroes…), donde personajes de distintos lugares geográficos acaban confluyendo en un punto en común que, por casualidades varias, propicia el encuentro y les permite llevar a cabo su misión. Algo que, aúnque sí lo parezca, no me desagrada en absoluto. No al menos en esta novela, ya que, como cualquier historia de este tipo, lo que consigue es mantenerte enganchado mientras te preguntas cómo narices van a acabar encontrándose y cómo narices va a acabar todo esto.
Ahora bien, el cabreo resulta inevitable hacia el final del libro, al menos en mi caso. Vale que el ambiente no sea tan misterioso e inquietante como sí pasaba en la primera entrega y que la historia en esta ocasión sea una aventura de encuentros y desencuentros con cierto tono místico que la hace manejable y entretenida. Bien. Vale que el reaparecido personaje de Jack Sparks no sea ni por asomo el mismo que conocimos en la primera novela, donde más bien se comporta como un pelele que se mueve por insinto. Bien. Vale que la resolución final me resulte algo traída por los pelos teniendo en cuenta quien fue y es “el malo”. Vale, bien. ¡Pero que se hayan comido al menos cuatro páginas de historia por ahí no paso! En mitad de una escena de acción, dentro del mismo párrafo, guaderrepente, queda medio dicha una conversación entre otros dos protagonistas que inician en un reencuentro que no ha quedado descrito y que de seguro el autor escribió.
Tuve que releerlo un par de veces hasta que me di cuenta y exlamé “hijos de la grandísima, os habéis comido la historia que va en medio, precisamente la que más me interesaba conocer”. Lo que aún más me cabreó cuando llegué a la última página del libro y descubrí que éste se acaba también en mitad de una acción. Lo siento, me niego a creer que ese es el final y ya no sólo por la cagada anterior, ¡es que es obvio! De hecho, eso, junto con los cambios de perspectiva bruscos dentro de la historia, que se producen a lo largo de la lectura y que en ocasiones hasta te chirría, me hace suponer que el maquetador lo hizo así a propósito para que no se le fuera el número de páginas. Y eso me molesta. Me molesta mucho.
Cierto que el libro me costó cinco eurillos y que es una de esas ediciones de bolsillo en la que si relees un par de veces el libro queda hecho trizas, pero eso no quita que me parezca una tomadura de pelo. Lo que al mismo tiempo me deja con la duda. Así que me va a tocar buscar una edición decente (aunque sea en inglés) para resolver mis sospechas. Cuánto daño puede hacer la maquetación. Parece mentira.
Así pues la lectura de El sexto mesías me ha dejado un regusto amargo e incómodo. Una auténtica lástima, sin duda. ¿Cómo voy a recomendar su lectura en plan es una entretenida novela de aventuras que te tienes que tomar como un aparte de la anterior, con una cagada como esa? Una lástima, sí. Una lástima.
Por eso ahora estoy tratando de resarcirme. Cambiar de género y probar con novelas de las que me hayan dado buenas referencias. Empecé con La rueda del tiempo, pero es leeeeeenta como ella sola. Así que como comprenderéis, la he aparcado por una buena temporada para ponerme, al fin, con Canción de hielo y fuego. Sí, lo admito. Aún no la había leído. Soy una de esas raras que tampoco se ha leído El Señor de los Anillos.
No llevo mucho. Unas ciento cuarenta páginas. Y no puedo evitar pensar… gafada no es la palabra, pero sí que llevo una racha de ver y leer cluebrones donde se presenta a un montón de personajes que se cruzan y entrecruzan y vete tú a saber cómo acaban, cómo se encuentran y todo lo demás, que ni te cuento. Perdidos, Héroes, El sexto mesías (salvo la cagada del final) y ahora Juego de tronos. Eso sí. Lo admito. Me he enganchado. Es lo que tienen los culebrones, aunque sean de género.
“para ponerme, al fin, con Canción de hielo y fuego [...]
Eso sí. Lo admito. Me he enganchado”
La resistencia es fútil. ^_^
¿140 páginas y crees que hay muchos personajes? pobrecita, lo que te queda…
Dios!!!
Perdóneme padre, porque he pecado…llevo sin leer mil, y tengo como tres o cuatro libros empezados…entre ellos Juego de Tronos…me parece que lo retomaré de nuevo, y asi podremos comentar, jejejeje…
Besines.