Cine de género y generalista
abr 8th, 2007 by Kundalah
Hace un par de días recibí en el correo una invitación del Club Fnac Ocio para ir a ver el estreno de la película Sunshine. Dicha promoción incluía un enlace al trailer de la película. Al visionarlo todas mis espectativas se fueron al garete. ¿El sol se está muriendo vamos a reavivar el sol? ¿Y cómo vamos a hacerlo más que llevando una carga explosiva que va a ir directa al nucleo? Esto… ¿a lo cualo? ¿Soy a la única a la que esto le chirría por los cuatro costados? ¿Soy a la única a la que no le dice nada que la publicidad haga hincapié en que está dirigida por el mismo director de Trainspoting y 28 días después? Después de ver el trailer esto último no me da muchas garantías, la verdad. Incluso aunque parece ser que existe un giro argumental y la película acaba siendo algo parecido al terror, tampoco me convence. Por una parte porque eso está más que visto y por otra porque si empieza con esa premisa absurda, no quiero ni pensar en cómo van a tratar de hilar y explicar lo siguiente.
Hace tiempo que no iba al cine y las pocas veces que fui el pasado año, es curioso que sólo fuera para ver adaptaciones de cómic o de novelas. Pero lo que más me inquieta es que salvo El Prestigio (estrenada en España a principios de año bajo el género acción-fantástico), el resto de películas que se podrían incluir dentro del género de ciencia ficción pasaron con más pena que gloria por nuestras carteleras. Hace más bien poco vi tranquilita en mi casa Hijos de los hombres. Impresionante. Sigo con las ganas de ver Dejà Vu, que si duró más de una semana en cartelera fue más que de milagro. Lo mismo que con A scarner darkly. Pero claro, digamos que éstas son más sesudas. Y el entretenimiento sesudo no vende. Lo más gracioso, sin embargo, es que cuando pretenden convertir este género en algo más visual e impactante, no sólo se pierde la idea de la que partía, sino que acaba convirtiéndose en una peliculilla más. Aeon Flux, Ultraviolet… Partir de una premisa cojonuda y derivarla en un lucimiento personal, provoca entre el bostezo y la indiferencia.
Eso hace que me pregunte adónde fue la ciencia ficción que hasta hace poco podíamos ver en la pantalla grande. Ideas propias que, sin profundizar demasiado eran capaces de tener pegado en el asiento tanto a los amantes del género como a los escépticos. No voy a preguntar ¿es que se acabaron las ideas? No. Eso es más que obvio. Sólo hay que hacer un listado de adaptaciones recientes. La Guerra de los Mundos, Minority Report, Yo, Robot… La pregunta en realidad es: ¿debe relegarse la ciencia ficción a un par de ideas manidas, añadir castillos de fuegos artificiales y un par de actores buenorros para tener contentos a espectadores de ambos sexos? Con toda la gente que trabaja en la industria del cine, ¿tan difícil es documentarse un poco para no caer en teorías absurdas que ofenden a la inteligencia del espectador?
Demos por sentado que es inevitable la repetición de ideas y centrómonos en la presentación de un trasfondo coherente, una trama bien hilada. Olvidémonos de la manía de incluir el mismo esquema, la misma técnica que está ahora tan de moda en otros géneros como el terror oriental y concentrémonos en el género que estamos tratando. Y por una vez, aunque sea sólo una vez, dejemos de tratar al público como borregos y tengamos fe en su capacidad repectiva. Porque si algo nos está demostrando el auge de las series televisivas es que la gente está cansada de lo de siempre. El fast food. Y para muestra, un botón: en su día, ninguna cadena de televisión quería comprar los derechos de emisión de CSI con la excusa de que era demasiado sesuda y el público no lo iba a entender. Los que dijeron que no, deben estar ahora calvos de tanto tirarse de los pelos. Para mí es lo que se merecen los productores por partir de la base de que el público es borrego. Lo mismo que sucede en la industria del cine, me temo.
Eso repercute, desde mi punto de vista, en la ciencia ficción. Género considerado por muchos como sesudo. Lo que, sorprendentemente, entra en contradicción con el tratamiento que recibe muchas veces. Fuegos artificiales y poco más. Y asume que los amantes del género son esos de las espadas de luz y para de contar. Mientras que al mismo tiempo trata de atraer la atención de los adolescentes bajo la misma premisa, lo que a veces produce un cócktel de sinsentidos. Porque de eso va todo esto al fin y al cabo. Conseguir películas para el máximo espectro posible de edades bajo la presunción de que con el mínimo esfuerzo ya es bastante. Así que, ¿para qué se van a devanar los sesos en algo más elaborado?
Y llegado a este punto me gustaría puntualizar. Por mucho que parezca (con todo lo que he escrito hasta ahora) que estoy reivindicando una concepción del género más sesuda y la búsqueda del respeto y milongas varias, no es tal el caso. El cine está concevido para ganar dinero por medio del entretenimiento. Y si voy al cine es, precisamente y en la mayoría de los casos, para divertirme o pasarlo mal (en el buen sentido de la palabra, aunque parezca contradictorio) durante unas horas. Y puede darse el caso con proyecciones tales como Hijos de los hombres por un lado y Star Wars por otro. Algo que o bien las productoras no conciben o bien piensan que cuando entramos en la sala y las luces se apagan nuestros cerebros entran en encefalograma plano para cierto tipo de películas.
No estoy pidiendo que las películas de este género sean a partir de ahora más sesudas. Lo que estoy pidiendo es respeto. Que no me tomen por estúpida. Que si el sol envejece no va a hacer falta que lo revivan con una carga explosiva; que explosión vais a tener de sobra. Se llama supernova (o gigante roja según otras teorías) y nos iremos todos al carajo en cualquier caso. Y que si para dentro de un millón de años, según las estimaciones de nuestros científicos, la humanidad no ha llegado a otros mundos y los ha colonizado, se merece acabar así con creces. Coño, es como si lo hubiera pedido a gritos. ¡Extinción, extinción! ¡Merezco la extinción! Y no soy ninguna experta en física o astronomía para saberlo. Creo que a eso se le puede llamar “culturilla general”. Pero claro, si hasta ahora, esa premisa más o menos ha funcionado, ¿por qué cambiarla, no? Si la película El núcleo no funcionó, el problema, por supuesto, fue el contexto. Así que, ¿qué gran idea podemos aportar? Saquémoslo al espacio exterior. …Manda cojones.
Con todo esto, a las dos únicas conclusiones a las que puedo llegar (y que a sólo de pensarlo un poco es aplicable a la concepción actual de la industria del cine en general) es, por una parte, acojonamiento. Por cómo funciona el baremo del éxito en taquilla, ninguna productora tiene el valor de producir una idea nueva. Se conforman con llegar al cupo. Invertir sin riesgos. Y así, sintiéndolo mucho, el estancamiento que vivimos en estos días va para largo, me temo. De hecho, no creo que haya una escasez de ideas en el cine. Sencillamente se prefiere apostar sobre seguro. Y el auge de adaptaciones mil del cómic, por ejemplo, no es más que apuestas sin riesgos para las productoras. Porque asumen que una buena parte del espectro de edades va a estar asegurada en el público.
Por otro lado, está la presunción de exigencia. Pan y circo para el vulgo. Lo que, desgraciadamente, asumimos demasiados, no sólo las productoras. “Dadle al público lo que el público quiere, que va a ser lo que yo supongo que quiere”. Muchos son los estudios de mercado que no tratan directamente con la gente, sino con lo que la gente más consume. Pero para mí eso no es un reflejo del gusto general. Es sólo un espejismo. Porque se vuelve una y otra vez a lo que ya existe, a lo que otros asumen que la gente quiere y punto.
Pero no sólo deberíamos hablar de lo que se asume como el gusto y la cultura de la “masa” en general, sino de las edades en particular. Tomar, por ejemplo, a los adolescentes como más niños de lo que en realidad son (con las ganas que ellos tienen de deshacerse de esa lacra) y, a veces incluso, considerar a los adultos como más viejos de lo que son en verdad. O simplemente distinguir en un tono amplio y más que tópico lo que hombres y mujeres quieren. Eso genera una y otra vez productos estereotipados. ¿Se consumen? Claro. Pero es que es lo que hay.
¿Y qué podemos hacer? Poco o nada en realidad. Así que, si lo pienso un poco, ¿para qué quejarme? El futuro del cine de género y el generalista se perfila medianamente claro en mi mente. Las salas de cine acabarán obsoletas (las nuevas tecnologías así lo apuntan) y se harán producciones directas para el mercado del DVD. Y entonces, tal vez entonces, tengamos un mayor abanico donde elegir, ideas nuevas y originales para descubrir, como bien está sucediendo con el auge de las series televisivas.
Lo de siempre, inversores con miedo hacen películas conservadoras, arriesgar es caro, y normalmente hay que hacer concesiones a los que tienen la pasta, que quieren tener a qué atenerse. A ver si es verdad que el cine digital baja los costes de rodaje y tenemos una nueva edad de oro del cine de serie B