Supongo que es más que conocida por todos la serie CSI, a la que más tarde se le añadiría el subtítulo Las Vegas para diferenciarla de sus sucedáneos. Desde mi punto de vista, aunque las comparativas pueden llegar a ser odiosas, se podría decir que tuvo casi el mismo impacto como le ocurrió en su día a Expediente X y, casualidades de la vida, las dos emitidas por Tele5. Y hago comparativa entre las dos porque aunque trataban (y tratan) de temas más que trillados (ovnis, sucesos paranormales, crímenes, psicópatas, etc.) lo hacían desde una perspectiva amparada en el uso de la ciencia y la racionalidad, esté ésta o no amparada en un marco realista en mayor o menor medida.
Y como cualquier hijo de vecino, yo estuve enganchada a las dos, hasta que el patrón de la primera (CSI) me hartó hasta la saciedad y la degeneración de la segunda (Expediente X) pudo con mi cordura.
Pero volviendo a la primera, he de decir que para algunos sólo existe CSI: Las Vegas, con su queridísimo Grishom. Y las otras secuelas, como he dicho antes, no son más que sucedanios. Y bien admito que al principio era reticente a ver cualquiera de las otras dos -llamémoslas secuelas-, supongo que por la idea preconcebida de que no eran más que meras copias. Pero mientras esos eran mis motivos, para otros era precisamente por todo lo contrario. No soportaban a Horatio y al homólogo en CSI: NY quien luce un careto de soseras que no se lo quita nadie. No nos vamos a engañar ahora.
Algunos me crucificarán por lo que voy a decir a continuación, pero de algo hay que morir en esta vida, así que yo lo admito sin tapujos: CSI: Miami no sólo me gusta, sino que me convence. Precisamente porque aún manteniendo el patrón de la investigación criminal (el trasfondo, por llamarlo de alguna manera), la perspectiva es distinta. El tratamiento de las situación es distinta. Su predecesora, por el contrario, se me hacía tan repetitiva que ya me era imposible encontrarle el atractivo. Algo me estaba fallando.
Por otro lado, CSI: NY, tardó en entrarme por el ojo. Y en gran medida era por el personaje que interpreta Gary Sinise, que no me acababa de convencer. Eso, y que prejuzgué que sería algo así como Policías de Nueva York o similar. Sin embargo, y para mi grata sorpresa, he encontrado un más que mayor aliciente para seguir esta serie. Esto es: el grado de frikismo bien llevado que manejan.
Al principio era algo sutil. Muy sutil. Pequeñas pinceladas. Una pequeña inmersión en el mundo de los videojuegos, por ejemplo, donde se veía a testeadores, skaters de los que capturaban sus movimientos para reproducirlos después, tramas de intereses detrás… En otro capítulo, los jupies de una compañía no sólo eran aleccionados en El arte de la Guerra de Sun Tzu, sino que además recibían clases de artes marciales y resolvían sus disputas a golpes. De hecho, en este caso en particular, un jupie mataba a otro con una katana y se peleaba con el jefe de la corporación en un combate de una coreografía espectacular…
Pero el capítulo que me abrió los ojos al grado de frikismo de esta serie fue cuando uno de los asesinatos tuvo lugar durante un Killer (sí, sí, un Killer) organizado por un ricachón. No lo llamaban Killer en ningún momento, ni lo asociaban al rol, ni nada por el estilo, pero coñe, un grupo de jugadores (desconocidos entre ellos) reciben una lista de “objetivos” que tienen que “aniquilar” con una pistola de agua y tienen toda la ciudad de Nueva York como campo de juego, eso en mi tierra se llama Killer. El de toda la vida, vamos.
En otro episodio, la importancia la cobra un manga japonés de un samurai que se recorre todo Japón llevando a su hijo siempre consigo. Lone Wolf and Cub, o como creo que fue traducido aquí: Lobo solitario y su cachorro. Y el capítulo que ya acabó de convencerme fue el de esta semana, donde un tipo de apariencia normal va por la calle y en cuanto oye una señal de auxilio se mete en una cabina, se quita la ropa y debajo lleva un disfraz de Superman. El tipo se llama Clark y cuando el forense inspecciona el cuerpo descubre unos cristales que después los analistas, ante su estupefacción, descubren que en su composición hay Kripton. ¿Se puede ser más friki, por Dios?

Como ya os habréis imaginado, me he enganchado a esta serie. No es que sea muy distinta a las anteriores (salvo el detalle obvio que los casos son llevados por CSIs con las mismas técnicas de análisis que usan todos), pero no puedo evitar quedarme enganchada frente al televisor con la idea de: a ver si hoy sale también algo friki. Como ya digo, puede pasar desapercibido por muchos (y no saber que están llenando su mente de esas cosas que hacen los tipos raros esos, freaks) a excepción del claro caso del tipo que se creía Superman.
No voy a deciros “oh, Dios mío, tenéis que verla que es cojonuda”, no. Sigue siendo CSI. Y además he dicho que la de Miami me gusta y para algunos puede que ese sea motivo más que suficiente para pensar que yo no tengo criterio. Pero ¿no os pica el gusanillo de la curiosidad? ¿Ver detalles del mundillo friki tratados sin desprecio, sino más bien todo lo contrario? Con cuidado y respeto. Parece hasta increíble, ¿verdad? Yo seguiré esperando el próximo capítulo, para ver si me vuelven a sorprender con algo del estilo.
Es que es tan friki…
A ese tipo de cosas, más que secuelas, se le llama “spin offs”.
Y sí, como bien sabes, odio CSI: Miami. No sólo porque odio el personaje que encarna David Carusso (con esa carita de pena, esa moralina a todas horas y esa pinta de llevar continuamente el peso del mundo sobre los hombros) sino porque, al contrario que la serie original, me parece extremadamente carca y reaccionaria. Recuerdo ahora mismo un capítulo sobre el asesinato de una estrella de cine porno donde satanizaban el mundillo del porno de una manera que, vamos, aquello parecía una sucursal de la “liga de la rectitud moral” o algo así.
O sea, que la serie tiene todas las de la ley para no gustarme: moralina por un tuvo, un personaje central que no hace más que sermonear y una ideología reaccionaria a tope.
En cambio Grissom… ah, Grissom… Eso sí que es un personaje: una inteligencia aguda, un autismo social extremo y una arrogancia que aplasta. Vamos, un descendiente de Sherlock Holmes con todas las de la ley.
Confieso que de CSI: NY he visto muy poco. No me horripila tanto como Miami, pero tampoco ha conseguido engancharme.
Dios, no te puede parecer CSI:Miami más carca y reaccionaria que CSI:NY, cuya defensa de la pena de muerte (entre otras muchas cosas) da vergüenza ajena…
Y en cuanto a CSI:Vegas (que estoy de acuerdo en que es la mejor, y Grissom el mejor personaje), no sé si la llevas muy al día, pero en los últimos episodios se han visto cosas como describir a alguien como un degenerado porque, entre otras cosas, tenía comics pornográficos en su casa…
Y a todo esto: lo que más me gusta de Horacio es precisamente lo que tú odias: la carita de pena, la expresión de cargar con las penas del mundo… para que te caiga bien tienes que *creerte* que el personaje es realmente así: excesivamente empático. En un episodio que vi recientemente encontraban a una chica muerta (que llevaban un día buscando) y él pedía quedarse un momento a solas con el cadáver; se acuclillaba junto al cuerpo, y le decía: “Lo siento; de veras que lo siento muchísimo” (o algo así). En cualquier otro personaje de cualquier otra serie sería caricaturesco, pero en Horacio… es justo él
Yo lo vi claro en un episodio glorioso en el que él y un ayudante le están dando una charla a una mujer diciéndole que puede ayudar a los balseros en cuanto tocan tierra, pero es un delito federal ayudarlos a *llegar* a tierra. En ese momento dos se empiezan a ahogar; Horacio, sin solución de continuidad con la charla que estaba soltando, se vuelve al ayudante y le dice: “Encárgate del hombre; yo voy a por la chica”; y se tiran al agua. En ese momento decides que o te gusta, o no hace falta que lo veas nunca más
Veamos… Partamos de la base de que hay varios tipos de personajes:
A) Soy un autista social y me gusta – Al ser los menos estereotipados son los que más éxito tienen. Ejemplos: Grissom, House, Spike… Aunque a la larga se están convirtiendo en un estereotipo como cualquier otro.
B) Soy un agonías y lo llevo bien – Generan tanta simpatía como antipatía por igual. En cualquier caso, para el que le genera antipatía, creo que es sólo una cuestión de dar una oportunidad. Ejemplos de ello: Horatio y Angel. Mucho decir que Ángel es un agonías, pero muchos han acabado viendo las 5 temporadas de su serie con interés. Y no quiero señalar a nadie.
C) Soy un soseras que no acabo de arrancar – Gary Sinise es un claro ejemplo en CSI:NY. Aunque supuestamente debería ser algo así como el eje central, pasa desapercibido y el protagonismo lo cobran otros. Como la rubia estirada y el gafitas, que se llevan un rollo raro.
Conclusión: los tres CSIs me gustan, cada cual por un motivo distinto. Tal vez porque me gusta variar con los estereotipos. La fórmula es saber con qué predisposición me siento ante el televisor.
He visto muy poco de Ny, como ya he comentado, así que tampoco llegué a pillar lo reaccionaría que era.
En cuanto a Horatio, puede que tengas razón y el problema sea que no me creo el personaje. Nno me creo la interpretación de David Carusso, no veo a un tío supermegaempático, sino a alguien haciendo poses de supermegaempático. Sun interpetación me chirría, me carga y me resulta totalmente falsa.
Y, por otro lado, supongo que ya entramos en terrenos de antipatía personal. No tengo nada en contra de sentir empatía hacia los sufrimientos de los demás. Pero si combinamos eso con unas dosis más que grandes de continua prédica desde elevado púlpito moral, entonces ya me carga. Y Horatio predica, casi con cada gesto que hace.
No he visto nunca CSI NY. El de Miami lo he visto algunas veces y me ha dejado un tanto indiferente, aunque encuentro divertida esa rectitud moral austera e iluminada. A veces me ha apetecido gritar “¡¡Sí, fustiga a esos perros e hijos de perros pecadores y haz caer sobre ellos la Ira de los Justos…!!”. Luego me tomo la medicación y se me pasa.
Pero donde me lo paso pipa de verdad es con Grissom. Esa exactitud en la percepción, esa capacidad de análisis… De algún modo tengo la sensación de que Grissom conoce el secreto del papel milimetrado, pero intuyo que si se le preguntara acerca de él esbozaría una sonrisa cómplice consigo mismo y guardaría un divertido silencio ante una humanidad que aún no está preparada.
Me pasma. Algún día seré como él y lograré determinar con una mirada una ligera desviación en dos paralelas milimetradas con un láser, y levitaré. Ahora bien, yo a la morena pecosa ya le habría explicado lo de las abejitas y las flores amarrada a la barra antivuelco de un 4×4, más que nada para que dejara de enturbiar el aséptico ambiente de trabajo del laboratorio con sus feromonas fosforescentes.
Y menos mal que no veo mucho la tele…