24… ese delirio emocional
sep 7th, 2006 by Kundalah
Septiembre. De vuelta a la rutina. Una vez más conformarnos y aferrarnos al fin de semana para tratar de descansar. Y desde hace unas semanas, al menos en mi caso y en el de otros tantos miles -me supongo-, esperando con impaciencia a que llegue el domingo a las 22:00 para seguir con atención las andanzas de Jack Bauer en la serie que lleva por título 24.
Recuerdo ahora cómo en su día, en la primera temporada, la serie, la verdad, no me llamó nada de nada. He de admitir que ni siquiera hice el esfuerzo de ver un sólo capítulo. Oía a mi alrededor maravillas sobre ella. Nada en concreto en realidad, salvo que era “en tiempo real”. Pero ni eso llamaba mi atención. Algunas veces, mientras hacía zapping me topaba con la seriecita en cuestión y recuerdo una sensación casi de… nausea, con aquella pantalla dividida en dos, en tres, en cuatro, a veces creo que más, y ese movimiento de cámara tembloroso, parriba y pabajo y pa los laos…
Luego llegó la segunda temporada. Por una parte seguía con mi apatía (vamos, la tónica general en cuanto entro al salón y veo la tele encendida), pero por otra, ya que no echaban nada más, estaba aburrida… llegó el gusanillo de la curiosidad, hormigueó por mis tripas y decidí tragarme un capítulo entero. Craso error, efectivamente. Ahora soy adicta al Bauerismo. De hecho, este verano me compré la primera temporada y aunque al principio estaba algo contrariada en plan “¿dónde está mi Jack, que éste me lo han descafeinao?”, acabé igual de enganchada como lo estoy ahora.
Pero no todo van a ser elogios hacia esta serie, aunque no voy a privarme de decir, por ejemplo, que eso de la pantalla dividida tiene su aquél. Y no es cuestión de por seguir cada historia separada que ocurre al mismo tiempo, sino que esperas impaciente cuál de las ventanitas se va a ampliar y vas a seguir sabiendo más de esa subtrama. Y de repente, ¡zas!, resulta que no, que te empiezan a contar otra historia, y no puedes evitar querer saber más y más. O por ejemplo, diré que ese movimiento de cámara que antes me mareaba, ahora lo que consigue es, no darme sensación de realismo exactamente, pero sí de que es el espectador quien en realidad va corriendo detrás del prota, cámara en mano o sin ella, en plan voyeur. De hecho es casi como si se obviara la cámara. Son nuestros ojos que contemplan un enorme escenario y nuestra mirada va de un lado a otro para no perder detalle. …Pero no. Como he dicho, no todo van a ser elogios. Hay algo más detrás de todo esto.

Fue una noche de agosto mientras cenábamos y hablábamos de series, cuando salió a relucir 24 y un detalle que hasta entonces había pasado completamente por alto, ya que hasta la fecha había estado en cada temporada más que inmersa en el estallido visual y emocional de la trama y sus subtramas. Pero la gran pregunta es: ¿cómo es posible que en las veinticuatro largas horas del día -que se dice pronto- no haya siquiera un sólo minuto en el que no pase nada, na haya un receso, un descanso, un momento de relax, algo? Si nos paramos a pensarlo con atención (bueno, no con tanta atención), suena un tanto incoherente, ¿no os parece?
Así fue como de repente, la semana pasada, mientras veía 24, mi mente hizo clic y empecé a fijarme en los detalles, las horas que mencionaban, desde una perspectiva un tanto más… frívola, por llamarla de alguna manera. Y entonces empezaron las preguntas: ¿es que no comen? ¿es que no mean, no cagan… ¡no se toman una siesta para no acabar loco!? Llevan veinticuatro horas sin dormir… ¿¡es que no paran para tomar un café!?
Aunque claro, es obvio que los detalles de la vida cotidiana no interesan a nadie. Es difícil imaginarse a Bauer al volante, con medio sandwich de atún metido en la boca y dando instrucciones por teléfono mientras conduce como un loco para alcanzar a los terroristas que se dirigen al aeropuerto.
Operaria de la UAT: Jack, ¿en qué hangar del aeropuerto está la bomba?
Bauer (con el sandwich de atún en la boca): Feinfifuafro fe.
Operaria de la UAT: Jack, repite, no te he entendido bien.
Bauer (esforzándose para deglutir el trozo de sandwich): Feinfi-fua-fro fe.
Operaria de la UAT: ¿Veinticuatro B?
Bauer (casi azul sin poder respirar): Fe no. ¡Fe! Fe fe fasa.
Aunque eso sí, que ni siquiera se tome un ratito para sus necesidades fisiológicas, no es que sea incoherente, es que el tipo debe de ser de Bilbao por lo menos. El tío, por mucho que lleve horas sin mear, no se plantará nunca ante un terrorista, de pie, apuntando firme con su pistola a la cabeza del malo, con una pierna cruzada por delante, to tieso como un palo de escoba, la madíbula prieta (aunque ese gesto es muy común en él) y la mirada en plan “dios, dime ya lo que sabes, cabrón, que me meo”.
Pero bueno, al menos ahora sé por qué a Bauer le da por disparar a los malos así, pam, sin más. No es porque sean malos, no, es porque se está meando encima el pobre y, claro, de alguna forma tendrá que desahogar su frustración. Imagináoslo en pleno interrogatorio:
Bauer (mu serio): ¿Dónde está la bomba?
Terrorista: No sé de qué me hablas.
Bauer (reteniendo un par de gotillas): Te lo preguntaré una vez más. ¿Dónde está la bomba?
Terrorista (mu chulito): Y yo te repito que no sé de qué me hablas.
¡PAM! Disparo a la pierna. El ligero retroceso consigue que Jack se concentre e impide que sufra un ligero “despiste”.
Terrorista (menos chulito y retorciéndose de dolor): ¡¡Me cago en tus muertos!!
Bauer: ¡¡NO!! ¡No hablemos de cagar que entonces sí que la tenemos, pero buena!

Y ya que estamos… ¿os habéis dado cuenta de la exaltación a la explotación laboral? ¿Cuánta peña hay en la oficina de la UAT? Pongamos entre veinte y cincuenta personas. Allí encerrados, en un largo turno de veinticuatro horas, trabajando sin descanso, sin poder fumar… Pero de todas esas personas, ¿cuántas están trabajando en realidad? Los dos cerebritos informáticos pringaos de siempre, que no paran de meterlos en líos sus compis no pringaos que van de jefecillos y luego son a los que van amenazando con despedirlos y cosas varias. Pero ¿qué es esto? ¿España? ¿Uno trabaja y los demás miran?
Pero bueno, coñas aparte, es una serie de televisión cuyo único objetivo es entretener mucho para tener mucha audiencia y ganar mucha pasta. Y, es obvio que lo consigue. Ya no sólo porque espero impaciente la llegada del domingo por la noche amorrada al televisor (y cuando los capítulos terminan me quedo con ese regusto amargo por querer saber más y no poder), sino porque son ya cinco temporadas nada más y nada menos, y no parece que vayan a dejar de emitirla.
Yo aún no entiendo cómo se las apañan para crear situaciones que comprendan un límite de veinticuatro horas. Es que no se puede ordeñar más la vaca. ¿O sí? No sé. Me imagino el principio de la próxima temporada. Sería algo tal que así:
Jack al volante de su vehículo de camino a la UAT o vete tú a saber dónde. Recibe una llamada al móvil. Usa el manos libres (con ese navegador molón que lleva en el coche).
Presidente: ¿Jack?
Bauer: Señor Presidente.
Presidente: Jack, tenemos un problema. Hace menos de diez minutos me han informado que la selección española de fútbol ha ganado un campeonato.
Bauer: ¿Un campeonato? ¿Cómo que un campeonato? ¿Quiere decir que la selección española de fútbol ha gando alguna competición de categoría? ¿Contra otras selecciones de países de más de 100.000 habitantes?
Presidente: Así es Jack. Y lo más inquietante… por méritos propios. Sin prórroga, sin ser de penalti, ni por gol en propia puerta del equipo contrario…
Bauer (que empieza a sentir como sus tripas se retuercen a la espera de un largo día): Señor, aconsejo que active el estado de alerta Defcon 4. Yo acudiré a la UAT para tratar de hacer frente a los terroristas.
Presidente: ¿Terroristas, Jack? Tan grave es.
Bauer: Con todos mis respetos, señor, pero si ese hecho ha tenido lugar tal y como dice, nada bueno puede salir de ahí. Puede que se produzca una reacción a escala mundial incalculable, la histeria puede desatarse, algunos empezarán a hablar de una señal clara del apocalipsis… Hágame caso, señor presidente. Detrás de esto sólo puede haber terroristas y el tiempo corre en nuestra contra.
Presidente: Está bien, Jack. Alertaré al gabinete y les pondré al tanto de todo. Cuento contigo.
Bauer: Haré lo que esté en mi mano, señor. Mi abuela era de Bilbao.
Mmm… Sí. Yo creo que podría ser un buen principio para la sexta temporada. ¿No os parece? Mientras tanto, seguiré enganchada a la que están emitiendo todos los domingos a las 22:00h. Aunque parezca increíble… en Antena3.

Creo que este link se hace necesario:
http://www.notrly.com/jackbauer/index.php?tophundred
JAJAJAJAJAJAJA!!!!
Dios!, Es buenísimo. Me recuerda a lo de Chuck Norris. Jijiji… Otro de Bilbao también, fijo. O bueno, no sé, seguro que a este último hasta los de Bilbao se apartan a su paso.
…Na.
Jijiji…
POR FIN!!!
Nena, lo tenia que decir…pq ya sabes que echaba de menos echarme unas risas con tus posteos, la verdad. Ais, que bien viene esto un viernes, con tooodo el finde por delante para relajarse…eso si q
Jo, aún me estoy partiendo, jajaja. Me encanta este blog. Me he registrado para poder dejar comentarios, y lo he suscrito para saber cuándo haya entradas nuevas. Jejeje, Feli, va, sigue que está muy bueno. Me ha recordado un poco al informal, pero teniendo en cuenta que era fan, y que llevo el de Bruce Lee y el del Burlador de Castilla en el móvil, jajaja. Y a ver si nos vemos por las tertus.
David
http://certeza.wordpress.com
ems…sigo, que le he dado sin querer a la tecla de intro…:P
….eso si que es empezar bien el dia, despues de una reunion con un cliente que te acaba de cambiar la estructura completa de navegacion de un CD (siento el rollo, pero tenia que decirlooo!!)…:P
Besos.
Diox, elvenbyte, has dicho ¡¡¡el diminutivo prohibido!!!
Fel o Felicidad son aceptables, pero _eso_ que has dicho desatará su ira y arrastrará con todos :-O
¡¡Arrepentíos, arrepentíos, pues el nombre_que_no_debe_ser_pronunciado ha sido dicho!!
He aquí, que así habló el profeta, para trasmitir a través de su voz las palabras de la OhTodoPoderosa.
Jijiji…
¿Qué haría yo sin mi profeta, ein?
Uhm , parece simpático ese tal bauer….