Escrito en óleo
jul 13th, 2006 by Kundalah
Perfecta. Sencillamente perfecta. Así era ella. Lo único que podía pensar mientras observaba cada línea, cada curva, cada ángulo, cada recoveco que sus ojos captaban. Su mano se deslizaba por el lienzo, loca de placer, llena de vida propia.
Aún no se podía creer la suerte que había tenido. Posaba para él, sonreía para él, se ofrecía sólo a él. Aquel brillo en los ojos rebosantes de vida, aquella nariz prominente, aquella boca pequeña y sinuosa… Y él recorría cada centímetro con su pincel.
La piel blanca y aterciopelada, la carne prieta y no precisamente escasa, los pechos redondos, perfectos para ser tomados por sus manos; sus pezones erectos y dispuestos para ser saboreados; la curva de su vientre para descansar, sus muslos dispuestos para aprisionarlo y en su entrepierna, tapizado por una mancha oscura, el caliz rebosante de néctar; oscuro, húmedo y cálido placer.
¿Por qué él?, se preguntaba ahora. ¿Qué había visto ella para no mostrar duda ante su ofrecimiento? Jamás había creído que criatura tan maravillosa se cruzara en su camino y estuviera dispuesta a desnudar su alma para él, entregar su cuerpo a su voluntad. Ni un segundo vaciló en desprenderse de la atadura de su ropaje. ¿Qué habría hecho él en la otra vida para merecerse una suerte como aquella?
Le pertenecía. Era suya y de nadie más. Esos brazos que lo acunarían como a un bebé; esa sonrisa traviesa que lo devoraría a placer como si no hubiera nada más en este mundo que pudiera alimentarla; esa mirada rebosante de una mezcolanza entre la inocencia y la experiencia que tan bien lo sabría comprender, satisfacer; esa pelvis lujuriosa que insinuaba que la tomara a tración una y otra vez; esas nalgas que pedían a gritos que la sometieran una y otra y otra vez.
¿Por qué él?, se torturaba una vez más mientras su mano arremetía con pinceladas más frenéticas sobre el lienzo. ¿Qué cruzó por la mente de aquella muchacha, qué vio en él? La duda comenzó a corroerle las entrañas. ¿Y si su sometimiento era sólo pasajero? No. No, no, no, no. La duda, el miedo, la inseguridad… No. No sería así, nunca. Había encontrado a su musa. Todo se había conjurado para que así fuera y haría todo lo posible para mantener a buen recaudo aquel tesoro.
Durante horas siguió trabajando en su obra, plasmando la magia y la fuerza que ella conseguía transmitirle. Llevaba casi toda la vida pintando, malviviendo de sus cuadros, pero por fin, ahora, comprendía que todo su esfuerzo no había sido más que un largo camino hasta dar con ella y poder plasmar como se merecía aquella maravilla que era en si misma la criatura que posaba para él.
Finalmente acabó su obra y la muchacha, fatigada y entumecida, salió del estatismo que había congelado un segundo durante larguísimas horas. Caminó hacia el artista como una gatita malherida y clavó sus oscuros ojos sobre el cuadro, para seguidamente dejar escapar un grito de terror.
-Hermoso, ¿no te parece? -Sonrió satisfecho él con la mirada perdida en el óleo que inundaba el lienzo.
-Es… horrible -dijo ella con voz trémula y las lágrimas a punto de columpiarse en sus ojos.
Por fin salió de su ensimismamiento. Contempló entristecido aquel amasijo de nervios e incomprensión. Volvió la vista hacia su obra. Era perfecta. Simplemente perfecta. Vísceras, orgasmos, lágrimas, sometimiento, placer, alegría, desesperación… Toda ella representando a la carne, los impulsos primarios, la vida y la muerte, la primera y única mujer.
-Es, simplemente, perfecta -convino con una sonrisa desbordante de satisfacción-. Y es toda mía y de nadie más.
Poco pudo hacer ella para evitar lo que vino después. Las embestidas salvajes, el dolor, la humillación, el placer de la calma mientras la cálida sangre resbalaba de su vientre rasgado, las lágrimas rodando por sus mejillas para empañar la imagen de aquel fatídico retrato que algún día todos contemplarían estupefactos y puede que a la vez maravillados.
Y en su último aliento comprendió horrorizada que él la había hecho inmortal… por un alto precio.

Bonito cuadro, tiene título?
Desnudo en rojo (1990), de Antonio González.
Si te interesa sigue este enlace:
http://www.aloj.us.es/galba/PROFESOR/OBRAS/Pintura/pictorica1.htm
Ufff….que mal rollo…
Me has puesto los pelos de punta.
me ha encantado…. es muy delicado
Mal rollo?
Muy delicado?
Me encanta este tipo de contradicciones si es, sobretodo, sobre lo que escribo.